Y como lo aseguran los Equipos de Nuestra Señora: "el sacramento del matrimonio está al servicio del amor, al servicio de la felicidad y al servicio de la santidad", es decir, una cuenta corriente sobre la que las parejas pueden girar, sin agotarse, sin que pueda ser cancelada por nadie, porque así lo quiso Dios.
En la primera parte vimos algunos aspectos sobre la Pareja y el Sacramento del Matrimonio, planteados por el padre Manuel Iceta, Consiliario de los ENS. En las segunda incluimos algunos apartes sobre "El Don del Amor" de Guy Thomazeau, también de los ENS.
En la tercera parte iniciamos una serie con algunos temas cuyos autores no son equipistas, la cual terminamos en esta parte. Tomemos tiempo en leerlos, en reflexionar y profundizar sobre ellos y compartirlos con nuestro cónyuge, porque son útiles para nuestra relación como pareja y como padres.
Para Reflexionar
5. El Compromiso en la Relación de Pareja
El exceso de trabajo, el estrés, el cansancio físico y hasta la falta de interés, hacen que las personas estén cada vez más pendientes de sus funciones laborales y menos de sus seres queridos.
Quienes se unen en matrimonio, comienzan su vida rodeados de tantos detalles y cosas materiales deslumbrantes, que se olvidan de construir su relación sobre bases sólidas; en donde el compromiso entre ellos sea lo primordial. Es decir, donde estén convencidos de la necesidad de permanecer como pareja para siempre, tanto en las buenas como en las malas.
El compromiso ha pasado a un segundo plano, porque para comprometerse se necesita mucha madurez, estabilidad emocional y deseos de construir una relación que perdure en el tiempo.
La madurez implica aceptar al otro tal como es; no tratar de cambiarlo o volverlo "como a mi me gustaría que fuera", es decir, tener una continuidad de uno mismo.
Es natural que en la fase de enamoramiento la atracción física y el placer sexual se interpreten como amor. Pero mientras el sexo es un deseo pasajero, el amor es un sentimiento que implica desinterés, profundidad, generosidad y duración.
Una relación sana se construye sobre bases de honestidad, integridad y respeto; es decir, que no haya duplicidad fuera de la relación en lo que se refiere al sexo y a la parte emocional. Esto exige mostrarse al otro tal y como se es, revelar sus sentimientos reales, conocerse realmente, para construir la confianza sobre los cimientos que da la honestidad.
El respeto es esencial. El espacio de cada uno, su forma de ser, su manera de amar... sin pretender cambiarlos. No se debe pasar de la línea del respeto a la agresión verbal o física, por más discusiones fuertes que se tengan con la pareja, porque volver atrás es muy difícil y ahí comienza a aparecer el desamor, la desconfianza, y se afecta la autoestima del otro.
Con integridad, honestidad y respeto, se puede construir una relación, una familia para siempre, que ayude a sus miembros y les dé soporte en los momentos difíciles por los que atraviesa todo ser humano.
El compromiso también implica:
• Acompañar al otro en los momentos difíciles.
• Tener proyectos en común, en cualquier aspecto de su vida.
• Afrontar los momentos de crisis sin pensar en la posibilidad de separarse.
• Resaltar los aspectos positivos de la pareja, no los negativos.
• Compartir intereses: familia, fiestas, amigos.
Adaptado de: María Helena Cañizares de García. Psicóloga Clínica. Carrusel. El Tiempo
6. Necesidades Afectivas que Debemos Llenar a la Pareja
Cuando uno se casa también lo hace con su familia, porque ella ha encauzado en parte nuestra proyección sentimental y la manera de relacionarnos afectivamente. Las necesidades afectivas son muy importantes en la vida de pareja. Cuando están insatisfechas, conviene revisarlas y mirar la historia personal de cada uno, las carencias y vacíos no resueltos, y actuar para llenarlos.
Estas son algunas de estas necesidades:
• Que me haga sentir la persona más importante en su vida.
• Que me diga que me quiere.
• Que me manifieste físicamente su afecto.
• Que me escuche.
• Que respete mi espacio y me deje hacer mis cosas.
• Cuando le expreso algo, que me entienda sin juzgarme.
• Que pueda contar con su ayuda, si tengo algún problema.
• Que valore mis necesidades.
• Que respete las cosas que son importantes para mi.
• Que valore y dé importancia a lo que hago.
• Que tengamos tranquilidad.
• Que pase más tiempo conmigo.
• Que me haga compañía.
• Que esté más con los niños.
• Que tenga detalles conmigo.
• Que sea independiente.
• Que me ayude a tomar decisiones.
Tomado de: ¿Qué busca en su pareja? Nelly Rojas de González. El Tiempo. Julio 1° de 2001
7. El Desamor Tiene Remedios
El amor es el sentimiento gratificante por excelencia, que cautiva positivamente y se acompaña de una fuerte atracción, de una tendencia a estar juntos y a compartir la vida.
Amar es darse, regalar y satisfacer a la otra persona; pero también es pedir, solicitar y poner límites al maltrato...
Para estar con alguien es necesario primero estar con uno mismo, valorarse y no tener miedo a vivir esa experiencia...
Amar y ser amado es querer compartir la vida con una persona que nos quiera bien, para enriquecernos y vivir la experiencia de envejecer juntos con alegría.
Cuántas parejas viven de mal humor, irritables, incapaces de darse una sonrisa. Se dice que el matrimonio es para ‘toda la vida'; eso es cierto, pero cuando hay amor, aceptación del otro(a) como es y no ‘como uno quiere que sea'. Cuando ambos deciden construir el amor, buscar espacios de intimidad y de goce para desear tocarse, acariciarse, masajearse sensualmente, sin demandas o expectativas, simplemente con curiosidad, sin pretender siquiera, en un principio, llegar al acto sexual. Con afecto, con amor, con mucho cariño.
En una buena relación de pareja se planean tiempo para los dos, espacios para recrearse con experiencias placenteras y sensuales que tienen incluso un componente espiritual que las hace trascender.
Sólo así se crea la intimidad... la comunión de las dos almas. Si en su relación de pareja estos sentimientos amorosos ya no están, es importante detenerse a reflexionar.
• Preguntas para clarificar la situación:
¿Qué lo(a) une a su pareja: la gratitud, la culpa, la vergüenza, el miedo a la soledad, el dinero o el amor y la amistad?
¿Siente que ama a su pareja o solamente la quiere?
¿Le gusta acariciar a su compañero(a) y ser acariciado(a) por él (ella)?
¿Desea hacer el amor o le produce indiferencia, rechazo o repulsión?
¿Manipula a su pareja con los hijos o el dinero porque sabe que ya no lo(a) ama?
¿Hace mucho tiempo que no hacen el amor?
¿Tiene otra relación paralela pero no se atreve a confesarlo?
• Remedios para el Desamor
Vivir el duelo sin anestesiarse, es decir, sin refugiarse en el alcohol, tranquilizantes, trabajo compulsivo o relaciones sustitutas.
Aceptar la pérdida de la relación como un hecho real e irreversible.
El dolor del duelo no se extingue sino cuando se vive.
Esforzarse por asumir y digerir el pasado.
Perdonar y tratar de olvidar para abandonar el rencor.
Recordar sin dolor y construir una explicación satisfactoria para lo que ocurrió.
Para volver a iniciar una relación de pareja, hay que estar bien primero con uno mismo y saber lo que se quiere y no se quiere.
Si pasa por estas etapas, a pesar de haber perdido mucho, no se perdió todo y aquello que sobrevive a la crisis vale la pena.
Adaptado de: El Desamor Tiene Remedios. Nelly Rojas de González. Psicóloga Clínica especializada en pareja y autora de varios libros. El Tiempo, marzo 25/2001
Conclusiones para meditar
Jesús es claro sobre la realidad del sacramento: este crea la unidad entre el hombre y la mujer pues ya no son dos sino uno solo. Dios creó un solo ser: "el hombre", y éste en dos sexos, con el fin de que le hombre y la mujer se complementen y alcancen así la perfección.
La causa que generalmente está a la base de los que se divorcian, es precisamente que las parejas durante el noviazgo no buscan ‘complementarse' el uno al otro, sino pasarla bien. La complementariedad exige renuncias y sacrificios por parte de los dos, pues debe ser mutua. Lógicamente cuando esto no se dio y no se entendió que ésta es la realidad del matrimonio, la pareja tiende a buscar quién o qué lo complemente. Peor aún, es que tampoco son conscientes de que la relación que se estableció es "para siempre", por lo que deben hacer todo lo posible por rescatar lo que se pudiera estar perdiendo (clásico de nuestro mundo utilitarista es el desechar).
Es importante que tanto nuestros jóvenes que están en el proceso de noviazgo, como los ya casados, busquen vivir estas dos realidades: la complementariedad y la fidelidad a la alianza realizada. Si esto se da, los esposos encontrarán que la vida matrimonial es una verdadera invitación a la felicidad plena en el amor de Dios.
Cristo, Señor absoluto de toda legislación, restaura el matrimonio a su esencia y dignidad originales; tal como fue concebido por Dios. El Señor proclamó para siempre la unidad y la indisolubilidad del matrimonio por encima de toda consideración humana (Mateo 19, 3-12). Es tan fuerte este vínculo que se contrae, que sólo la muerte puede romperla. Para sacar adelante esta empresa es necesaria la vocación matrimonial que es un don de Dios (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium), de tal forma que los deberes conyugales, la educación de los hijos, el empeño por sacar adelante y mejorar económicamente a la familia, son situaciones que los esposos deben sobrenaturalizar (j. Escrivá de Balaguer. Es Cristo que pasa), viviendo a través de ellas una vida de entrega a Dios, con la persuasión de que Él nos da su asistencia para poder cumplir los deberes del matrimonio, en el que nos hemos de santificar.
En la actualidad, los ataques a la familia, institución divina y humana, no cesan en ningún frente, por lo que al dar la doctrina verdadera -la ley natural, iluminada por la fe- estamos haciendo un gran bien a toda la sociedad. (Comentario a Mt 19,3-12. P. Ernesto María Caro. Evangelización Activa).
"El matrimonio no sólo nos habla del amor que Dios nos tiene, sino que causa su presencia amorosa en ti y en mí, para todos. El matrimonio no es un sacramento sólo en el momento del consentimiento, ni es algo que recibimos como un aditamento de la persona, sino que transforma a la pareja humana y permanece para siempre. Si como personas, como pareja, entendiéramos la magnitud de este hecho, no se verían las infidelidades, las continuas peleas y enfrentamientos entre los esposos las separaciones, los divorcios..." (Manuel Iceta).
"Ya no es extraño en nuestra vida oír sobre el divorcio, por lo que para muchos de los jóvenes, ya desde el inicio de su matrimonio está en germen, al menos, la posibilidad de divorciarse y volver a comenzar. Es tanto lo que el mundo nos ha metalizado, que el matrimonio cristiano no se diferencia mucho más que el matrimonio civil... no deja de ser un contrato más. El corazón se hace insensible y deja de escuchar la palabra de Dios: ‘Lo que Dios unió que no lo separe el hombre". Por ello bienaventurados los ojos que ven y los oídos que no se cierran a la palabra de Dios pues en ello está la verdadera felicidad". ( P. Ernesto María Caro)
"El sacramento del matrimonio viene a ser como la testificación por parte de la Iglesia, de que Cristo se compromete en el corazón del amor entre los dos y se constituye en garante de su alianza". (Guy Thomazeau).
El sacramento del matrimonio es como una cuenta corriente abierta por Dios a nuestro favor, sobre la que podemos girar... ¡hasta el fin de nuestros días!
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