Lejos de nosotros la pretensión de hacer una exposición sobre la Escucha de la Palabra, simplemente hemos escogido expresar aquí nuestro recorrido personal. Comenzando con nuestros primeros pasos en el movimiento, usaremos indistintamente el “yo” y el “nosotros”, indicando así que nuestras experiencias no son idénticas sino semejantes.

En los 80 al entrar en los Equipos fui atraído por dos puntos concretos de esfuerzo: la Regla de Vida y este que habitualmente se ha llamado por error Lectura de la Palabra de Dios. En efecto, la Carta precisa para este punto, “Escucha” de la Palabra de Dios. La diferencia es inmensa. Mi aprendizaje de esa época me dejó acostumbrado a “la lectura” y ahí me quedé. Nosotros habíamos emprendido entonces una lectura casi cotidiana de los textos del día. Simultáneamente estábamos enganchados en la lectura continua de un evangelio o de una carta de Pablo.

En el 85 en nuestra parroquia nos llamaron a ser pareja acompañante de la preparación matrimonial. De acuerdo con nuestro párroco, construimos nuestro recorrido sobre la Alianza entre el antiguo y luego el nuevo testamento. Tuvimos unos encuentros maravillosos. Nuestra primera tarea fue adaptar el recorrido a cada pareja que recibíamos individualmente; sus experiencias eran muy diversas. Algunos jóvenes sin duda ¡no habían abierto un evangelio en su vida!  Nuestra sorpresa fue enorme cuando encontramos cuánto habían sido tocados por la Palabra de dios y cuánto esta palabra los había “atrapado” en su cotidianidad.

Vale destacar cómo deseamos pasar de la Lectura de la Palabra a la Escucha, tal como estos jóvenes lo había descubierto por sí mismos. ¿Porqué nosotros no? El sentido profundo de este punto concreto de esfuerzo (ayuda) ha germinado progresivamente en nosotros, hasta que estamos satisfechos con sus frutos.

Viene ahora un largo aprendizaje –nunca acabado, por comprender a dónde nos puede conducir la Escucha. En una primera instancia nos interesamos en la narrativa de los personajes escogidos; nos detenemos en los personajes con quienes nos sentimos cercanos. Ensayamos a imaginar sus reacciones, sus interrogantes, sus dudas y esperanzas. Interiorizamos el texto. No se trata de teología o exégesis; es sobre lo humano más profundo. Es a cargo de cada uno, en un período de búsqueda espiritual.

A continuación buscamos los puntos que nos tocan, los textos que nos van a acompañar en lo cotidiano. Terminamos esto con una acción de gracias: “Señor, gracias por tu palabra viva para mi día”. Todo este recorrido está inspirado en los ejercicios de San Ignacio.

No podemos terminar sin decir que para nosotros la Escucha de la Palabra es el fundamento de nuestra oración. Para otros puede ser algo diferente; ello queda a la sensibilidad, la espiritualidad y el deseo de cada uno. Gracias al Padre Caffarel por haber tenido la intuición de separar la Lectio Divina en estos dos puntos concretos de esfuerzo bien diferentes.

La Escucha de la Palabra nos ayuda a construirnos; es la guía de nuestra vida espiritual y de toda nuestra vida. Esta “escucha” transforma nuestras oraciones personales. En pareja, aporta mucho de sus frutos a nuestra oración conyugal. A Jean-Pierre le ayuda a estar más atento de los demás y a escucharlos mejor. Para Claudie esta escucha ha transformado su vida y la ha conducido a tener más presente al Señor en su cotidianidad, en todos los aspectos de su vida profesional, conyugal, familiar y social.

Al final de los tiempos, la Escucha de la Palabra de Dios se convierte en conciencia de Dios, vivo y presente, Dios que nos atiende y nos ama.

Escuchemos al Padre Caffarel quien simplemente nos aconseja: “dejemos penetrar en nosotros la Palabra de Dios viva, creadora y re-creadora”.  

Fuente: Carta Equipos de Nuestra Señora –Francia. N° 204, Noviembre –diciembre 2013

Nota del Equipo Web: Traducido del francés. Las itKálicas que no están entre comillas son nuestras.