Introducción

La atención del padre Caffarel a Cristo presente en él, sólo encontraba su verdadero sentido en la atención a los demás, a los cristianos confiados a su Ministerio. Su primera reacción fue responder al interrogante de aquellas parejas jóvenes, creando los Equipos; luego a las viudas, creando las Fraternidades de Nuestra Señora de la Resurrección.

Empuja a los miembros de los Equipos a estar atentos al conjunto de los matrimonios del mundo, no sólo por la difusión de los ENS en numerosos países, sino también dedicándose al campo de la preparación al matrimonio, del acompañamiento de los padres, de los matrimonios, de los jóvenes en el ejercicio de su vida afectiva y sexual. Numerosos trabajos de encuestas, investigación y reflexión están ahí para dar testimonio.

El padre Caffarel es verdaderamente misionero en el mundo al que pertenece y nos recuerda continuamente este deber apostólico, la inquietud que cada uno debe sentir. Su conocimiento del matrimonio lo convertirá en un interlocutor de peso en los trabajos conciliares del Vaticano II.

No duda en hacer llegar ante Roma lo que ve, lo que experimenta, sus inquietudes. La percepción de un mundo descristianizado, sin relación con su Dios, está en la base de la creación de las escuelas de oración, de la casa de Troussures, del Movimiento de los intercesores. Habiendo comprendido muy pronto el papel futuro de los laicos en la vida de la Iglesia, está atento no sólo a formarles espiritualmente sino también a recordarles, una y otra vez, la dimensión apostólica de su vida cristiana.

No les hablaré del deber del apostolado en general

“Quiero simplemente invitarlos a hacer todo lo posible durante este año que comienza, para que esta espiritualidad conyugal y familiar, de la que se alimentan en los Equipos de Nuestra Señora, llegue a los hogares de su entorno, consolide su unión que quizá se tambalea, reanime su amor, les revele las riquezas del sacramento de matrimonio. Háganles entrever, también todo lo que aporta de alegría y fuerza la amistad fraternal entre los hogares.

¿Les falta convicción?, ¿Quizá no se dan cuenta hasta qué punto el ambiente en el que viven amenaza la vida cristiana y la unión de tantos hogares?

¡Ah! Sobre todo, no me digan que no se puede hacer nada. Si aman de verdad a todos estos hogares amenazados, “pobres” de amor y de gracia, sabrán inventar lo que es necesario y perseverar en vuestro esfuerzo. Inventiva, perseverancia, cualidades de los misioneros… (Cuántos misioneros sufren, anuncian, se entregan durante años sin resultado).

Pues sí, sean los misioneros de esta espiritualidad conyugal que los hace vivir”.

Henri Caffarel. Carta Mensual de los Equipos de Nuestra Señora, Octubre 1950

Es urgente que los adultos cristianos intenten comprender a los jóvenes.

“No quiero decir que es necesario aceptar “a priori” todas sus ideas, ni aplaudir todo lo que hacen. Lo importante es buscar esas profundidades del ser de las que surgen sus aspiraciones, sus reacciones, sus pensamientos, sus dudas… Y preguntarles sobre nuestros comportamientos que, tan a menudo, les indignan.

Es sin duda prueba de debilidad moral y espiritual, pasar tu tiempo poniendo en cuestión todos los valores heredados, negando toda certeza. Pero en el sentido opuesto, también es dar prueba de una gran atrofia de la inteligencia y del corazón, el hecho de negarse a revisar pensamientos y actitudes de vida que acostumbramos a tener que no son en realidad más que subproductos muy discutibles de una civilización concreta o de un medio social.

Es verdad que es difícil comprender a los demás y, en particular, a la nueva generación. Y además se tiene demasiado miedo a que el suelo se hunda bajo los pies. Pero eso que hemos construido y que tememos ver hundirse, ¿es en realidad tan vulnerable? Y si lo es, ¿no será eso la prueba de que carece de fundamento sólido?

Por otra parte, para comprender, es necesario amar mucho. Es evidente que lo primero es el amor hacia aquéllos a los que uno quiere comprender. Pero no los amaremos de verdad a no ser que estemos ya unidos por el amor a una esposa, a un amigo, a un equipo verdadero. Quien no es amado, ni ama ni comprende.

Y sobre todo, es necesario saberse amado por Dios; sólo esta certeza permite no sentirse perturbado por las teorías o los acontecimientos, por muy desconcertantes que sean, ya que nuestro Dios es estable, y quien se basa en Él también lo es...

Pueden contribuir enormemente a crear alrededor de ustedes una mentalidad de comprensión con respecto a la generación siguiente. Los medios no les faltan. Aprendan a intervenir ante los que manejan los medios de comunicación.

Sus cartas son más eficaces de lo que se imaginan. Escriban en las publicaciones a las que puedan llegar, tomen la iniciativa en las reuniones…

Y luego, pónganse manos a la obra, únanse a todos los que intentan construir un mundo donde la nueva generación pueda respirar, vivir sin dejarse dominar por los problemas increíbles que plantearán al hombre los progresos vertiginosos de la ciencia y la técnica.

Los adultos sólo son dignos de aprecio si trabajan por el verdadero bien de la generación siguiente, y no para la comodidad de su propia generación. Es un gran escándalo el olvido general de esta ley por los hombres políticos, por los economistas, por los sindicatos… porque es el gran pecado de los adultos contra el amor a los niños. Quien no tiene una mentalidad de padre o madre, no es en realidad adulto. La alternativa es implacable: o se sacrifica a los niños, o los padres se sacrifican por los niños…

 No huyan de sus responsabilidades; pero, no obstante, no se abrumen por ellas. Asúmanlas con confianza.

 Esa “fuerza de lo alto” que Cristo les prometió, antes de dejar a sus discípulos, les está garantizada. ¡Ah! Si hubiera en el mundo muchos matrimonios enamorados de verdad, felices de verdad, cristianos de verdad, el rostro de este mundo cambiaría realmente”.

Henri Caffarel. Carta Mensual Equipos de Nuestra Señora. Mayo – Junio 1971.

Adaptado de: El Padre CAFFAREL, Profeta del Matrimonio. Textos escogidos. 20-08-2009