Del Equipo Web: Continuamos el Tema de Estudio en Equipo que la Superregión España publicó en la Carta de los ENS de septiembre-octubre de 1983: “Sois el Cuerpo de Cristo”, tema basado en las Orientaciones del Movimiento para los equipos del mundo, a partir de la epístola de Pablo en que nos dice: “Ustedes son el Cuerpo de Cristo”.

 

La Iglesia la formamos nosotros. Es lo que nosotros somos. No es ninguna realidad extraña y misteriosa que se diluye en una multitud masificada de creyentes. Al contrario, todo lo que es la Iglesia se verifica en esa comunidad concreta que nosotros formamos. En esta perspectiva hemos de considerar y vivir la realidad de nuestro Equipo.

 

La Iglesia de hoy, como la de ayer, tiene sus luces y sus sombras. Porque las tenemos nosotros. El mismo Jesús quiso seguir presente en el mundo por medio de la débil comunión de los que creen en Él. Lo cual significa que somos responsables de la situación actual de esa presencia y de la Iglesia.

 

La Iglesia es comunión, es Cuerpo vivo. Por eso no es posible un cristianismo individualista. Cuando un grupo se convierte en secta, en gheto, prescindiendo e incluso despreciando a los demás, está actuando gravemente contra la Iglesia querida por Jesús. Por el contrario, cuando un grupo da testimonio de una fe compartida y de un amor fraterno, realiza en sí mismo lo que es la verdadera Iglesia.

 

Tenemos que alumbrar permanentemente nuestra identidad de creyentes adictos. Para lo cual es necesario asumir los principales rasgos de Jesús encarnándolos en el hombre concreto que somos nosotros. Y esto mismo debe intentar el grupo.

 

Tenemos unos rasgos propios como creyentes casados. Vivir esto con todas las consecuencias y compartir la vivencia con los demás es integrarse en la Iglesia de hoy.

 

Tenemos unas cualidades muy concretas que conforman nuestra personalidad. Desarrollarlas al servicio de esas personas que Dios pone en nuestro camino es construir la Iglesia de hoy.

 

Construye la Iglesia quien vive en comunión con el Papa, con la jerarquía y con los demás creyentes.

 

Pero hay que decirlo una vez más: no podemos limitarnos a una especie de obediencia pasiva, resignada y hasta retardada. También nosotros somos responsables. Cristo nos llama a que aportemos, como Él, lo que es más nuestro. Esto es también lo que espera de nosotros la Iglesia.

 

Y lo que podemos dar lo necesitan los otros como nosotros. No tenemos derecho a esconder nuestra moneda. Si la enterramos, ha de ser bien desnuda y preparada para que fructifique. Nosotros podemos conseguir que la Iglesia sea efectivamente la gran familia de los hijos de Dios, si le damos ese estilo viviendo profundamente la realidad de nuestra familia.

 

1. ¿En qué se nota que somos Iglesia?

 

2. ¿Por qué no estamos más comprometidos como miembros de la Iglesia?

 

3. ¿Qué podemos hacer para que nuestro equipo sea más Iglesia?

 

Nota del Equipo Web: las itálicas que no están entre comillas, son nuestras. Espere el próximo mes: Proyectar la Iglesia del futuro